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De Quimeras y Ensoñaciones

La brochita

Andaba yo muy liado con el frasco del typex, porque yo no me equivoco nunca, vamos, faltaría plus, que son los demás los que siempre meten la gamba y tengo yo que andar corrigiéndoles, y como yo no me equivoco nunca, pues casi no lo uso y claro, aquello que con el uso no se usa se agarrota, se pierde la costumbre, pues el Typex es ese botecito que lleva un tapón de rosca y del tapón le cuelga un pincel, introducido en un frasco de líquido corrector, para borrar las cosas mal escritas a boli y poder escribir encima, saben ustedes, que es pequeñito y tiene un tapón a rosca y que si no le echas diluyente de vez en cuando, se te pone dura , la brochita, y el abujero del bote se estrecha, se entapona con la solidificación del liquido blanquito corrector y luego no hay quien la meta una vez que has podido sacarla, la brochita, digo, porque los pelos se te abren de piernas todo tiesos ellos, los pelos de la brochita, y tú erre que erre, a intentar meterla por todos los medios, empujando y empujando, pero como que no, que lo único que consigues es que ella se abra más de piernas, la brochita, y no consigues nada más.

Así que tienes que recurrir a tu compañera de trabajo y preguntarle si tiene diluyente y ella tan amable te dice que si y se ofrece voluntaria a ayudarte, a ver si entre los dos sois capaces de meterla, pero como yo estoy agobiado de tanto esfuerzo, ella se lo va a hacer sola, pues ha terminado su trabajo del día y le sobra tiempo, pero a ti no, que estás hasta las narices de perder el tiempo con el fluido corrector, con tanto intento de meter y sacar y que no hay manera, pero como en el mundo aún tocan mujeres buenas, que se ofrecen voluntarias a ayudar, pues mi compañera de curro me resolvió el problema, con su diluyente.
Cuando me entregó el bote del Typex..
¡Qué gusto!
!Qué gozo!
!Qué joyita de mujer que tengo por compañera!
Se le había abierto el agujero, lo tenía todo limpio, ni un solo pelo fuera de su sitio, se la metía y se la sacaba con un placer sensual, la brochita, toda limpia, aseada, el agujero todo desatrancado.
! Pero cuanto valen las mujeres !
!Qué haríamos los hombres sin ellas!
Y el liquido ya no estaba granuloso ni pegajoso, no tenía grumos, salía limpio y blanco, fluido.
Para terminar de finalizar el proceso, mi compañera lo agitaba arriba y abajo, arriba y abajo, usando a veces el dedo gordo y el índice y a veces toda la mano.
!Que bien sabía agitarlo!
Y todo lo hacía por mi, que andaba agobiado de trabajo y ella me relajaba del agobio
!Que bien sabía agitarlo!
Y todo para que yo luego pudiera meter y sacar por el agujero el líquido blanquito.
Mientras ella lo agitaba, sonó el timbre del teléfono, ella lo cogió con una mano, y con la otra el bolígrafo y papel , así pues que al no tener más manos libres, y ser una mujer tan eficiente en todo lo que hacía, me lo cogió con la boca para poder seguir agitándolo.
!Que eficiencia de mujer! .
Y el liquido blanquito salió todo él tan contento a hacer su trabajo.
Uno tiene siempre que corregir lo que no son otros capaces de hacer, ya que me pregunto yo si mi compañera de trabajo será tan eficiente con su marido cuando llega a casa.

¡Que trabajo más duro que tengo!.

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